10 dic 2014

No estás a la altura.



No tiene sentido. Ni siquiera me gustas, maldita sea. NI SIQUIERA ME GUSTAS. No es justo. ¿Qué mierda pasa? ¿Por qué siento que me dueles? ¿Porque siento que te celo? ¿¡Porque siento vacío!? Es ridículo. Un jodidisimo cliché. Yo no soy eso… ¿lo soy? ¿Qué soy? y, sobre todo lo demás, ¿Qué soy para ti y porque resulta de tan vital importancia para seguir respirando con tranquilidad? Lo que sea, pero certero. Real. ¿Me dolería más, si fuero un juego? Yo he sido participe del mismo acto lúdico del que ahora te acuso. Del que me resultas tan vil. Y me resulto repugnante, siendo eso lo más importe. Un par de cogidas y siento que me perteneces. NI SIQUIERA ME GUSTAS, Maldita sea.
Hoy llore por ti.
No entiendo.
No importa.
No volverá a pasar.
JAMÁS.
No pertenezco a esa raza. Me niego. No puedo.
Llámame tú. Búscame tú. Bésame tú. Cógeme tú. Hoy te grite entre besos que te quería, fui vulnerable, te ofrecí mi corazón (cosa que nunca había hecho con tanta parsimonia, con una fragilidad tan honesta) y siquiera sé si lo notaste, no lo tomaste, lo hiciste de lado con un además despreocupado, y me parece que fue para mejor, honestamente.
Pero fue eso.
Era una oportunidad.
Nunca vas a ser ese que en el fondo ansió con tanto furor. No estás a la altura.